Finalmente, el sábado 4 de mayo, después de la alineación perfecta de los astros, y poco viento y corrientes compatibles con la vida humana, por fin pude cruzar el Estrecho de Gibraltar.
Debo admitir que no nadé. Fui en una lancha rígida de pesca (bastante chula, la verdad) para grabar a Aleksandrina Til (@tilalex), que, a pesar de haber empezado hace relativamente poco en la natación en aguas abiertas, ya ha cruzado tanto el Estrecho de Bonifacio como el de Gibraltar.
Pero al final del día — he cruzado el estrecho. ¡Por fin!
Dejadme, niños, que os cuente cómo conocí a vuestra… Uy, perdón, perdón… Dejémoslo en que necesito hacer un pequeño (bueno, diminuto) flashback. Todo empezó allá por 2012, cuando empecé a trabajar con Neda el Món , gente genial, hay que decirlo, que ha organizado un montón (bueno, son contables, pero muchos) de travesías en aguas abiertas por Cataluña y algunas un poco más lejos (Bonifacio, Gibraltar, Rodas, entre otras).
De alguna manera, me he desviado un poco del tema.
El caso es que, poco después de empezar a hacer fotos y grabar vídeos chulos, descubrí que también organizaban travesías del Estrecho de Gibraltar, y que tienen un acuerdo con ACNEG, los responsables de la logística y del montón de permisos obligatorios en Tarifa. En resumen: año tras año, he hecho fotos de muchas travesías… pero siempre me quedaba sin ir a Gibraltar.
Una vez estuve a punto de ir a Tarifa para grabar un documental (autoproducido) sobre una nadadora que iba a cruzar. Pero el destino —y mi economía altamente precaria— se aliaron para impedirlo.
Ahora, saltemos diez años adelante, hasta el año pasado: mientras trabajaba con Neda el Món en el Estrecho de Bonifacio, Aleksandrina preguntó si alguien podía grabar algunos vídeos de su travesía, para documentar su reto de cruzar ambos estrechos. Y como raramente digo que no a proyectos interesantes, evidentemente no iba a decir que no a este.
Cruzó Bonifacio con éxito… ¡y este año va a por Gibraltar! Al parecer, le gusta cómo trabajo —y mi encantadora personalidad—, así que quiere volver a colaborar conmigo.

Durante la grabación, Drón Ramón sufrió varios ataques de gaviotas furiosas que, claramente, no apreciaban su presencia en su espacio aéreo. Entre batallas con aves, noches sin dormir, cambios de hotel improvisados y una cantidad de tapas de cazón claramente superior a lo médicamente recomendable, conseguimos capturar imágenes increíbles —y recuerdos aún mejores.
Así que no, no crucé nadando. Pero sí, finalmente crucé el Estrecho de Gibraltar. Y eso es lo que cuenta.
Lo dejo aquí por ahora; tengo que guardar algunas historias (y probablemente un par de choques de dron) para la próxima entrada.
Y esa, niños, es la verdadera historia de cómo conocí a vuestra madre.
…Quiero decir, de cómo crucé el Estrecho. Perdón.